Ella era un mortal cualquiera, que iba de allá para acá y de acá para
allá sólo porque la multitud lo hacía, no tenía identidad, no sabía que
era ser original.
Él, por otro lado, jamás fue un mortal, jamás fue
cualquiera. Tenía una identidad envidiada y su originalidad era tal que
era odiada.
Ella no lo conocía a él, pero tenía la oportunidad de
hacerlo al alcance de la mano. Pero él... él jamás podría conocerla a
ella. Y en la tarde de un aburrido y triste día ella lo
conoció. Él no la vio, porque la televisión no es como un vidrio
transparente en donde dos personas se pueden ver... y ella se enamoró y
perdió como en la guerra. Todo lo que tenía pasó a ser de él... y ella
le llamó ángel, así que él era su ángel. Ella lo amaba con el alma y
cualquier cosa que iba a ser le consultaba a su ángel, aunque no tuviese
respuesta alguna, ella creía poder hablar con él en sueños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario