Es lo más cercano a la perfección que has conocido nunca, y aunque desconozcas la manera en como lo haces, lo miras con unos ojos distintos con los que miras al resto del mundo y distintos a los que el resto del mundo le mira a él. Todos sus defectos han pasado a convertirse en octavas maravillas del mundo y ninguna cosa que hiciese podría desbancarle de su pedestal. Moverías el mundo por él si tuvieses que hacerlo y sigues esperando a que algún día, por lejano que sea, mueva alguna parte de su cuerpo por ti.

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